Epigenetica

SIBO, dibiosis intestinal y emociones

SIBO, disbiosis intestinal y emociones

Una lectura integrativa desde Inout Renasci Institute

Subtítulo
Microbiota, eje intestino-cerebro, inflamación, sistema nervioso y biología del estrés en la comprensión integrativa del malestar digestivo y emocional.

Firma editorial
Nuria Castellano Peralta
Dr. Eduardo Serrano Caturla
Inout Renasci Institute

Abstract

El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado, conocido como SIBO por sus siglas en inglés, y la disbiosis intestinal son dos conceptos cada vez más presentes en la práctica clínica, la divulgación sanitaria y la experiencia cotidiana de muchas personas con distensión abdominal, gases, dolor digestivo, alteraciones del tránsito, fatiga, niebla mental, intolerancias alimentarias o malestar emocional.

Aunque ambos términos se relacionan con la microbiota, no significan lo mismo. El SIBO describe, de forma general, una situación en la que existe un crecimiento excesivo o una distribución anómala de microorganismos en el intestino delgado. La disbiosis intestinal, en cambio, se refiere a una alteración más amplia del equilibrio ecológico de la microbiota: diversidad, composición, función metabólica, producción de metabolitos, interacción con la barrera intestinal, inmunidad y comunicación con el sistema nervioso.

Este artículo analiza ambos conceptos desde una mirada médica, terapéutica e integrativa. Se revisan sus diferencias, puntos de contacto, mecanismos fisiopatológicos, relación con los trastornos de la interacción intestino-cerebro y posible conexión con ansiedad, estrés, trauma, hipervigilancia, inflamación y regulación emocional. Desde la visión de Inout Renasci Institute, el intestino no se interpreta como causa única del malestar emocional, ni la emoción como causa única del síntoma digestivo. Ambos forman parte de un sistema vivo donde cuerpo, historia, sistema nervioso, microbiota, inmunidad y contexto se influyen de forma bidireccional.

La conclusión principal es clara: SIBO y disbiosis no deben banalizarse ni sobrediagnosticarse, pero tampoco ignorarse. Bien comprendidos, pueden ser una puerta de entrada clínica para entender cómo el cuerpo expresa sobrecarga, cómo el sistema nervioso modula la digestión y cómo el intestino participa en la salud emocional.

1. Introducción

Durante mucho tiempo, los síntomas digestivos funcionales fueron interpretados como molestias periféricas, separadas de la vida emocional. Al mismo tiempo, muchos síntomas emocionales fueron explicados como si pertenecieran únicamente a la mente: ansiedad, tristeza, irritabilidad, cansancio, dificultad de concentración, insomnio o sensación de amenaza.

Hoy sabemos que esa división es insuficiente. El intestino no es solo un tubo digestivo. Es un órgano inmunológico, endocrino, neurológico, metabólico y microbiano. Alberga una comunidad inmensa de microorganismos que interactúan con la mucosa intestinal, el sistema inmune, el metabolismo, el nervio vago, el sistema nervioso autónomo y el eje hipotálamo-hipófiso-suprarrenal.

Desde Inout Renasci Institute, este tema forma parte de una pregunta mayor:

¿Qué ocurre cuando el malestar emocional no vive solo en la mente, sino también en el cuerpo, en el sistema nervioso y en el intestino?

El SIBO y la disbiosis intestinal aparecen en ese territorio. No son explicaciones mágicas. No son diagnósticos que deban usarse para justificarlo todo. Pero tampoco son fenómenos menores. Pueden influir en digestión, inflamación, sensibilidad visceral, absorción de nutrientes, tolerancia alimentaria, energía, sueño, respuesta al estrés y percepción corporal.

La mirada integrativa no busca sustituir la gastroenterología ni la valoración médica. Busca ampliar la comprensión: cuando una persona presenta síntomas digestivos persistentes junto con ansiedad, hipervigilancia, fatiga, dolor, insomnio o historia de estrés crónico, quizá el intestino no sea solo una consecuencia ni solo una causa. Puede ser un punto de encuentro entre biología y biografía.

2. Metodología de revisión

Este artículo se ha elaborado como revisión narrativa integrativa. Se han considerado:

  • Guías clínicas y consensos sobre SIBO y pruebas de aliento.

  • Revisiones sobre microbiota intestinal, disbiosis y eje intestino-cerebro.

  • Literatura sobre trastornos de la interacción intestino-cerebro.

  • Estudios sobre inflamación, estrés, eje HPA, nervio vago y metabolitos microbianos.

  • Publicaciones sobre microbiota, ansiedad, depresión, estrés crónico y regulación emocional.

  • Marco clínico propio de Inout Renasci Institute: cuerpo, emoción, sistema nervioso, historia vivida, biología del estrés y medicina integrativa.

El enfoque no pretende establecer causalidades absolutas. La evidencia en microbiota humana es compleja, heterogénea y todavía en evolución. Por ello, el artículo diferencia entre:

  1. Evidencia consolidada.

  2. Asociaciones clínicas plausibles.

  3. Hipótesis emergentes.

  4. Interpretaciones que deben manejarse con prudencia.

3. Qué es el SIBO

El SIBO, sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado, describe una situación en la que existe una cantidad excesiva de microorganismos, o una composición microbiana inadecuada, en un territorio donde normalmente la carga bacteriana es mucho menor que en el colon.

El intestino delgado tiene funciones muy específicas: digestión, absorción, contacto inmunológico selectivo y transporte ordenado del contenido intestinal. Para que estas funciones se mantengan, necesita una motilidad eficaz, secreción ácida y biliar adecuada, enzimas pancreáticas suficientes, integridad anatómica, función inmunitaria y correcta coordinación neuromuscular.

Cuando alguno de estos mecanismos falla, pueden aparecer condiciones favorecedoras de SIBO:

  • Alteración de la motilidad intestinal.

  • Disminución del complejo motor migratorio.

  • Cirugías digestivas o asas ciegas.

  • Alteraciones anatómicas.

  • Hipoclorhidria o uso prolongado de inhibidores de bomba de protones en determinados casos.

  • Diabetes con afectación autonómica.

  • Esclerodermia u otras enfermedades con dismotilidad.

  • Pancreatitis o insuficiencia pancreática.

  • Alteración de la válvula ileocecal.

  • Episodios previos de gastroenteritis.

  • Síndrome de intestino irritable en determinados subgrupos.

Los síntomas más habituales son:

  • Distensión abdominal.

  • Gases.

  • Dolor o molestia abdominal.

  • Diarrea, estreñimiento o alternancia.

  • Sensación de fermentación.

  • Intolerancia a ciertos hidratos de carbono fermentables.

  • Fatiga.

  • Náuseas.

  • Pérdida de peso o malabsorción en casos más relevantes.

  • Déficits nutricionales en situaciones prolongadas.

Una cuestión importante es que el SIBO no debe diagnosticarse solo por síntomas. Muchos síntomas son inespecíficos y se superponen con intestino irritable, intolerancias alimentarias, enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal, insuficiencia pancreática, trastornos tiroideos, alteraciones ginecológicas, dispepsia funcional, ansiedad, estrés y otros procesos clínicos.

Por eso, una mirada seria exige prudencia: el SIBO puede existir, pero no todo gas, hinchazón o malestar digestivo es SIBO.

4. Qué es la disbiosis intestinal

La disbiosis intestinal no describe necesariamente un exceso de bacterias en un lugar concreto. Describe una alteración del ecosistema microbiano.

Puede incluir:

  • Pérdida de diversidad bacteriana.

  • Disminución de microorganismos productores de metabolitos beneficiosos.

  • Aumento de especies potencialmente proinflamatorias.

  • Alteración en la producción de ácidos grasos de cadena corta.

  • Cambios en el metabolismo de bilis, fibra, triptófano, histamina u otros compuestos.

  • Mayor permeabilidad intestinal en algunos contextos.

  • Activación inmunitaria de bajo grado.

  • Alteración de la relación entre microbiota, mucosa intestinal y sistema nervioso.

A diferencia del SIBO, la disbiosis es un concepto más ecológico y funcional. Puede afectar al colon, al intestino delgado o al conjunto del tracto digestivo. También puede aparecer sin que exista un sobrecrecimiento localizado.

La disbiosis no siempre se detecta de forma clara con pruebas rutinarias. La interpretación de estudios de microbiota en heces debe hacerse con cautela, porque la microbiota es dinámica, variable y dependiente de dieta, fármacos, edad, estrés, sueño, contexto, geografía y hábitos.

En términos clínicos, la disbiosis puede relacionarse con:

  • Síntomas digestivos funcionales.

  • Alteraciones del tránsito intestinal.

  • Sensibilidad visceral.

  • Intolerancias alimentarias funcionales.

  • Inflamación de bajo grado.

  • Alteración de la barrera intestinal.

  • Fatiga.

  • Vulnerabilidad al estrés.

  • Cambios en el estado de ánimo, en algunos pacientes y contextos.

La clave es no convertir la disbiosis en una palabra comodín. Decir “tienes disbiosis” sin explicar qué significa, cómo se ha evaluado, qué relevancia clínica tiene y qué factores la sostienen puede generar confusión y ansiedad. Desde la mirada Inout, el diagnóstico debe abrir comprensión, no crear identidad de enfermedad.

5. SIBO y disbiosis: diferencias fundamentales

Aunque se relacionan, SIBO y disbiosis no son sinónimos.

Aspecto

SIBO

Disbiosis intestinal

Concepto principal

Exceso o distribución anómala de microorganismos en intestino delgado

Alteración del equilibrio ecológico y funcional de la microbiota

Localización

Principalmente intestino delgado

Puede afectar colon, intestino delgado o el ecosistema global

Mecanismo central

Sobrecrecimiento, fermentación, malabsorción, dismotilidad

Pérdida de diversidad, cambios funcionales, inflamación, metabolitos

Diagnóstico

Test de aliento, aspirado yeyunal en contextos específicos, clínica compatible

Evaluación clínica, hábitos, contexto, estudios de microbiota con cautela

Síntomas típicos

Hinchazón, gases, diarrea/estreñimiento, dolor, malabsorción

Digestivos y extradigestivos, más variables

Relación con emociones

Indirecta por eje intestino-cerebro, síntomas, inflamación, estrés

Más amplia por microbiota, inmunidad, metabolitos, eje HPA y nervio vago

Riesgo clínico

Sobrediagnóstico por test mal interpretados

Uso demasiado genérico del término

Una frase útil sería:

El SIBO puede ser una forma concreta de alteración microbiana localizada; la disbiosis es una alteración más amplia del ecosistema intestinal.

6. Cómo se relacionan SIBO y disbiosis

SIBO y disbiosis pueden coexistir. Una persona con SIBO puede presentar, además, una microbiota global alterada. Y una persona con disbiosis puede tener condiciones que favorecen el sobrecrecimiento en intestino delgado.

Los puentes entre ambos conceptos son:

6.1 Motilidad intestinal

La motilidad es uno de los grandes reguladores del ecosistema intestinal. El complejo motor migratorio actúa como una especie de “barrido” del intestino delgado durante el ayuno. Cuando este mecanismo se altera, el contenido intestinal se estanca y aumenta la posibilidad de fermentación y sobrecrecimiento.

El estrés crónico y la hiperactivación autonómica pueden modificar la motilidad. Esto no significa que el estrés “cause” SIBO de forma simple, sino que puede participar en un terreno donde la digestión pierde ritmo, coordinación y eficiencia.

6.2 Barrera intestinal e inmunidad

La mucosa intestinal actúa como frontera inteligente. Permite absorber nutrientes y, al mismo tiempo, limita el paso de antígenos, toxinas y microorganismos. Si la barrera se altera, el sistema inmune puede activarse de forma persistente.

La disbiosis puede favorecer inflamación de bajo grado. El SIBO, en algunos casos, también puede irritar la mucosa, alterar la absorción y modificar la señal inmunitaria.

6.3 Fermentación y metabolitos

Las bacterias producen gases y metabolitos. En cantidades adecuadas, muchos metabolitos son beneficiosos. En localización inadecuada o en exceso, pueden producir síntomas.

El intestino no solo digiere comida: transforma señales. Ácidos grasos de cadena corta, ácidos biliares, derivados del triptófano, histamina, aminas biogénicas y otros productos microbianos pueden influir en inmunidad, motilidad, permeabilidad y comunicación intestino-cerebro.

6.4 Dieta y patrones alimentarios

La dieta modula la microbiota. Pero la relación no es sencilla. Una dieta restrictiva puede reducir síntomas a corto plazo y, al mismo tiempo, empobrecer diversidad si se mantiene sin supervisión. Las dietas bajas en FODMAP, por ejemplo, pueden ser útiles en determinados síntomas, pero deben entenderse como herramienta temporal o dirigida, no como identidad alimentaria permanente.

La mirada integrativa busca aliviar síntomas sin empobrecer el ecosistema.

6.5 Antibióticos, fármacos y recurrencias

Los antibióticos pueden ser necesarios en determinados casos de SIBO, pero también pueden alterar la microbiota. El tratamiento debe contemplar causa de base, motilidad, dieta, recurrencia, estilo de vida, sueño, estrés y estado inflamatorio. Tratar solo la carga bacteriana sin comprender el terreno puede explicar muchas recaídas.

7. SIBO, disbiosis y emociones: la conexión intestino-cerebro

La relación entre intestino y emociones no debe explicarse de forma ingenua. No es correcto decir que “la ansiedad viene del intestino” como regla general. Tampoco es correcto decir que “todo es emocional”. La evidencia actual apunta a una relación bidireccional.

7.1 Del intestino al cerebro

El intestino puede influir en el estado emocional mediante varias vías:

  • Nervio vago.

  • Sistema nervioso entérico.

  • Citocinas inflamatorias.

  • Permeabilidad intestinal.

  • Metabolitos microbianos.

  • Ácidos grasos de cadena corta.

  • Metabolismo del triptófano.

  • Señales endocrinas.

  • Interacción con el eje HPA.

  • Sensibilidad visceral.

Cuando existe hinchazón persistente, dolor, urgencia intestinal o sensación de pérdida de control digestivo, el cerebro recibe señales corporales repetidas. En una persona con historia de ansiedad o trauma, estas señales pueden amplificar hipervigilancia, miedo al síntoma, evitación social y sensación de fragilidad.

7.2 Del cerebro al intestino

El cerebro y el sistema nervioso autónomo también influyen en el intestino:

  • El estrés puede alterar motilidad.

  • La hiperactivación simpática puede modificar secreciones digestivas.

  • La hipervigilancia puede aumentar percepción visceral.

  • El trauma puede aumentar sensibilidad corporal.

  • La falta de sueño puede modificar apetito, inflamación y microbiota.

  • El cortisol sostenido puede influir en barrera intestinal e inmunidad.

  • El miedo a comer puede generar restricción, tensión y pérdida de diversidad.

Desde Inout Renasci Institute, esta vía es esencial: muchas personas no solo tienen un intestino que molesta; tienen un sistema nervioso que vigila el intestino como si fuera una amenaza.

7.3 Sensibilidad visceral

La sensibilidad visceral es una clave clínica. Dos personas pueden tener señales digestivas similares y vivirlas de manera muy distinta. El sistema nervioso, la historia de dolor, la ansiedad, el trauma, la inflamación y el aprendizaje corporal pueden hacer que una sensación digestiva normal se perciba como alarmante.

Esto no significa que el síntoma sea imaginario. Significa que la percepción corporal se construye entre tejido, nervio, cerebro, memoria e interpretación.

7.4 Trauma, digestión y seguridad

En trauma, el cuerpo puede aprender que estar relajado no es seguro. La digestión necesita una fisiología compatible con descanso, ritmo y parasimpático. Si el organismo vive en alerta, la digestión puede quedar subordinada a la supervivencia.

Algunas personas comen con tensión, respiran de forma superficial, mastican rápido, viven con prisa, tienen miedo a los síntomas, restringen alimentos, duermen mal y llegan a la comida con un sistema nervioso activado. En ese contexto, hablar de SIBO o disbiosis sin hablar de regulación es incompleto.

8. Datos y evidencia relevante

8.1 SIBO: un diagnóstico útil, pero imperfecto

La literatura reconoce que el SIBO es un campo con limitaciones diagnósticas. El aspirado yeyunal se ha considerado una referencia clásica, pero tiene limitaciones por invasividad, contaminación, heterogeneidad y distribución irregular. Los test de aliento son más accesibles, pero pueden dar falsos positivos o interpretaciones variables.

Por tanto, un resultado positivo debe interpretarse dentro de la clínica, no como sentencia aislada. El diagnóstico responsable debe incluir síntomas, contexto, factores predisponentes, medicación, antecedentes, dieta, motilidad, enfermedades asociadas y respuesta terapéutica.

8.2 Disbiosis: concepto potente, pero no siempre clínicamente preciso

La disbiosis es real como concepto ecológico, pero todavía es difícil traducirla a una prueba individual definitiva. Dos personas sanas pueden tener microbiotas muy diferentes. Además, la composición en heces no siempre refleja lo que ocurre en intestino delgado, mucosa o metabolismo microbiano.

La prudencia exige no convertir cada informe de microbiota en un diagnóstico absoluto.

8.3 Microbiota y salud mental

La investigación del eje microbiota-intestino-cerebro ha mostrado vías biológicas plausibles para relacionar microbiota, inflamación, estrés y conducta. La microbiota puede producir o modular compuestos neuroactivos, influir en metabolitos, comunicarse con el nervio vago y participar en la señal inmunitaria.

Sin embargo, en humanos muchas asociaciones todavía no demuestran causalidad directa. La microbiota puede contribuir, modular o amplificar, pero rara vez explica por sí sola un cuadro emocional complejo.

8.4 Trastornos de la interacción intestino-cerebro

El síndrome de intestino irritable y otros trastornos funcionales digestivos se comprenden cada vez más como trastornos de la interacción intestino-cerebro. Esto significa que el síntoma digestivo puede emerger de combinaciones de motilidad, sensibilidad visceral, microbiota, inmunidad, estrés, historia emocional y procesamiento central.

Este marco encaja profundamente con la mirada Inout: el síntoma no se reduce a “todo es psicológico” ni a “todo es microbiano”. Es una expresión situada de un sistema.

9. Discusión desde la mirada Inout Renasci Institute

9.1 El error de reducirlo todo al intestino

En la actualidad existe una tendencia a explicar muchos problemas emocionales por la microbiota. Esto puede ser atractivo, pero también peligroso. Puede generar falsas promesas, tratamientos interminables, obsesión por la dieta, miedo a los alimentos y sensación de que la persona está “rota por dentro”.

La microbiota importa, pero no debe convertirse en un nuevo reduccionismo.

9.2 El error de reducirlo todo a la emoción

El error contrario también existe: interpretar síntomas digestivos persistentes como “nervios”, “somatización” o “estrés” sin estudiar causas médicas. Esto puede retrasar diagnósticos, invalidar al paciente y aumentar la sensación de abandono.

La emoción influye, pero no debe usarse para deslegitimar el cuerpo.

9.3 El camino integrativo

La mirada Inout propone una tercera vía:

  • Escuchar el síntoma.

  • Estudiar el terreno biológico.

  • Evaluar el sistema nervioso.

  • Explorar historia, estrés y trauma.

  • Revisar dieta y hábitos sin imponer culpa.

  • Valorar sueño, inflamación, dolor y motilidad.

  • Derivar cuando sea necesario.

  • Tratar sin prometer linealidad.

  • Acompañar sin reducir.

Un intestino alterado puede necesitar intervención médica y nutricional. Un sistema nervioso en alerta puede necesitar regulación, vínculo, terapia y seguridad. Un cuerpo inflamado puede necesitar sueño, movimiento adaptado, revisión metabólica y reducción de carga. Una persona con trauma puede necesitar recuperar una relación menos amenazante con sus sensaciones internas.

9.4 SIBO, disbiosis y alimentación emocional

La relación con la comida puede complicarse en personas con síntomas digestivos. El miedo a hincharse, tener dolor o sentirse mal puede llevar a restricción. La restricción puede aliviar temporalmente, pero también aumentar ansiedad alimentaria, aislamiento social y empobrecimiento nutricional.

La alimentación emocional no siempre es exceso. A veces es miedo. A veces es control. A veces es intento de regular un cuerpo impredecible.

Por eso, en SIBO y disbiosis, la intervención no debería limitarse a “quitar alimentos”. También debe ayudar a reconstruir confianza digestiva.

10. Implicaciones clínicas y profesionales

Para profesionales de la salud, el abordaje integrativo debería incluir:

10.1 Evaluación médica

  • Historia clínica digestiva completa.

  • Signos de alarma.

  • Pérdida de peso, sangre en heces, anemia, fiebre, dolor nocturno, diarrea persistente.

  • Descartar celiaquía, enfermedad inflamatoria intestinal, insuficiencia pancreática, patología tiroidea, infecciones u otras causas.

  • Revisar fármacos.

  • Valorar pruebas de aliento cuando exista indicación razonable.

10.2 Evaluación nutricional

  • Patrón dietético.

  • Restricciones prolongadas.

  • Tolerancias reales y percibidas.

  • Fibra, fermentables, proteína, micronutrientes.

  • Relación emocional con la comida.

  • Riesgo de dietas excesivamente restrictivas.

10.3 Evaluación del sistema nervioso

  • Estado de hiperactivación o hipoactivación.

  • Sueño.

  • Respiración.

  • Ritmo diario.

  • Sensibilidad visceral.

  • Hipervigilancia corporal.

  • Historia de trauma.

  • Estrés crónico.

  • Capacidad de recuperación.

10.4 Intervención integrativa

  • Tratamiento médico cuando proceda.

  • Estrategia nutricional individualizada.

  • Regulación del sistema nervioso.

  • Trabajo corporal gradual.

  • Rehabilitación de la confianza digestiva.

  • Mejora del sueño.

  • Movimiento adaptado.

  • Psicoeducación.

  • Terapia del trauma si existe historia compatible.

  • Reintroducción progresiva de alimentos cuando sea posible.

  • Seguimiento prudente.

11. Conclusiones

  1. SIBO y disbiosis están relacionados, pero no son lo mismo.
    El SIBO describe un sobrecrecimiento o distribución anómala en intestino delgado; la disbiosis describe una alteración más amplia del ecosistema microbiano.

  2. El SIBO puede formar parte de una disbiosis, pero no toda disbiosis es SIBO.
    Confundir ambos conceptos puede llevar a diagnósticos imprecisos y tratamientos incompletos.

  3. El eje intestino-cerebro ofrece un marco sólido para comprender la relación entre digestión y emociones.
    La comunicación entre intestino, microbiota, sistema inmune, nervio vago, eje HPA y cerebro permite entender por qué el malestar digestivo y emocional suelen coexistir.

  4. La relación con las emociones es bidireccional.
    El intestino puede modular estado interno, energía, inflamación y sensibilidad; el estrés, trauma e hipervigilancia pueden alterar motilidad, percepción visceral, dieta y barrera intestinal.

  5. El síntoma digestivo no debe banalizarse ni psicologizarse.
    Es necesario descartar causas médicas y valorar pruebas cuando proceda.

  6. La microbiota no debe convertirse en una explicación total.
    Es una pieza importante, no el mapa completo.

  7. La mirada Inout integra cuerpo, emoción, sistema nervioso y biología.
    Este enfoque permite comprender al paciente sin reducirlo a un test, a una dieta, a una emoción o a un diagnóstico.

  8. El objetivo no es solo erradicar bacterias, sino recuperar regulación.
    Un intestino más estable necesita también un sistema nervioso menos amenazado, un sueño más reparador, una alimentación menos temida y un cuerpo más seguro.

12. Síntesis Inout Renasci

El intestino no habla separado de la persona. Habla con su sistema nervioso, con su historia, con su sueño, con su inflamación, con su forma de comer, con su estrés y con su biografía.

SIBO y disbiosis no son modas si se entienden con rigor. Son ventanas clínicas. Pero solo se convierten en conocimiento útil cuando dejan de usarse como etiquetas aisladas y pasan a formar parte de una pregunta más profunda:

¿Qué está intentando regular este cuerpo que todavía no ha podido sentirse seguro?

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Nota editorial
Este artículo tiene finalidad divulgativa y formativa. No sustituye la valoración médica, digestiva, psicológica o nutricional individual. El diagnóstico y tratamiento de SIBO, disbiosis u otros trastornos digestivos debe realizarse por profesionales cualificados, integrando historia clínica, síntomas, pruebas indicadas, contexto biológico y estado emocional de la persona.

Dr. Eduardo Serrano

Médico humanista

Responsable Médico - Medicina integrativa con enfoque neuro-epigenético

Dr. Eduardo Serrano

Médico humanista

Responsable Médico - Medicina integrativa con enfoque neuro-epigenético